8 feb. 2011

¿Violencia de género?


Escribí este texto en 2008 para un concurso titulado Carta abierta a un maltratador.
Querido maltratador,
Me gustaría darte las gracias. Sé que mi agradecimiento parecerá extraño a más de uno, sin embargo, la vida me ha enseñado a dar las gracias por el dolor que me permite crecer como persona. He aguantado durante muchos años tus malos tratos, pero afortunadamente al final he tenido la fuerza de ponerles fin. No sé cómo he podido quedarme atrapada tantos años en algo que no era bueno para mí. Tampoco sé cómo encontré la fuerza para salir de allí.
Ni tú ni yo hemos recibido todo el cariño y el apoyo que nos esperábamos de niños. Tanto tú como yo hemos crecido en familias donde expresar cariño no era algo normal. Hemos aprendido a ir por la vida como perros a la espera de una caricia. Por haber carecido tanto de cariño, hemos llegado a estar dispuestos a cualquier cosa por un gesto cariñoso. Y cuando digo: “estar dispuestos a cualquier cosa”, mira a qué extremo habíamos llegado…
Han pasado muchos años desde que me separé de ti y ahora puedo ver cómo funciona todo eso y cómo uno puede llegar a situaciones tan extremas. Veo lo herida que estaba y lo poco que me amaba a mí misma. También veo que a ti te pasaba exactamente igual, ya que hemos crecido en entornos similares.
Ya no te odio. Han pasado muchos años y el tiempo me ha permitido ver que me venía bien quedarme en el papel de víctima y dejarte el rol de agresor. Me venía bien complacerme en el pobre de mí y no responsabilizarme de nada. Me venía bien tener a mi lado alguien que me gritara que no valía nada ya que era lo que opinaba de mí misma para mis adentros. Fíjate, prefería aguantar los golpes y los insultos a levantarme y tomar las riendas de mi propia vida. Prefería esperar a que tú cambiases. ¡Cuántos años pasé soñando que llegarías a ser ese hombre amoroso y cariñoso que esperaba! Prefería soñar y esperar un milagro en vez de hacer yo un paso que pudiera cambiar mi vida. Quería que cambiases tú y no tener que hacer nada yo.
Hasta que un día me encontré con alguien que me enseñó que el cambio sólo lo podía hacer yo misma.
He recorrido un camino muy largo desde entonces. He crecido mucho. He aprendido a tomar mis responsabilidades sin temerlas tanto como antes. Sobre todo he aprendido a amarme y a atenderme. He encontrado por fin el cariño que estaba enterrado muy dentro de mí, por debajo del dolor y de las heridas. Y ¿sabes qué? Desde que he encontrado este tesoro, ya no estoy a la espera de que alguien se preocupe por mí o me ame. Incluso puedo recibir el cariño de la gente que me rodea.
No sé cómo estarás tú, hace años que no sé nada de ti. Espero de todo corazón que hayas llegado a sanar tus heridas hasta poder abandonar el papel de maltratador y convertirte en ese hombre cariñoso y amoroso que me hacía tanta ilusión llegar a conocer.
Estés donde estés, querido hombre, te deseo lo mejor. A mí me parece un milagro poder disfrutar de la vida tal como lo estoy haciendo ahora. Jamás pensé que pudiera llegar a estar rodeada de gente que me tratara con cariño y amor. Jamás pensé que, un día, pudiera vivir en una casa bonita y ordenada donde se respira armonía. Y eso es lo que te deseo a ti y a todos los seres humanos: una casa bonita, ordenada, donde se respire paz, amor y armonía. Espero que todos, mujeres y hombres, cultivemos y reguemos a diario ese amor que todos llevamos dentro para que nuestros hogares y nuestro planeta crezcan y florezcan hasta llegar a ser ese lugar donde se vive en el respeto.
Un abrazo fuerte